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El Linaje Ruiz de Apodaca: Historia, Genealogía y Proyección Histórica (Siglos XVII-XX)

  • barondelprogreso
  • 16 may
  • 5 min de lectura


El linaje de los Ruiz de Apodaca López de Ipiña ofrece una perspectiva histórica unificada de cómo una misma estirpe de la hidalguía de sangre del norte de España fue capaz de vertebrar las instituciones del Antiguo Régimen y mantener una notable continuidad civil y profesional hasta el siglo XX. A través de alianzas matrimoniales estratégicas, el comercio colonial, las armas y el posterior desempeño de la fe pública, este linaje unificó la proyección de la alta dignidad militar atlántica con el desarrollo civil en territorio peninsular.



1. El Tronco Común en Cigoitia (Siglo XVII)

A comienzos del siglo XVII, el matrimonio contraído en Álava entre Sebastián Ruiz de Apodaca y Clara López de Ipiña dio origen al apellido compuesto que unía su patronímico familiar con la toponimia de su ámbito jurisdiccional en la Hermandad de Cigoitia (Zigoitia). Esta línea troncal, amparada por la hidalguía de sangre y la limpieza de origen, fijó su preeminencia local a través de dos hermanos carnales nacidos hacia 1620:

  • Pedro Ruiz de Apodaca López de Ipiña (c. 1620 – 1678): Vecino de Larrinoa y Manurga, ostentó oficialmente la distinción de Caballero Hijodalgo de la Hermandad de Cigoitia, liderando los padrones de nobleza concejiles. Casó en 1662 con María de Vicinay y Apoitia.

  • Domingo Ruiz de Apodaca López de Ipiña (c. 1620 – d. 1680): Casado en Gopegui en 1646 con María Zaldos Ortiz de Zárate. Se especializó en la gestión económica de las infraestructuras de la comarca, constando como el arrendador histórico de la «Rueda de Barría» y del molino harinero «Zubiko Errotea».



2. El Ascenso de Tomás y la Consolidación de Cádiz (Siglo XVIII)

El hijo de Pedro, Juan Ruiz de Apodaca y Bisinay (bautizado en Junquitu en 1663), continuó la herencia foral como Alcalde de la Santa Hermandad de la provincia. En 1693 se casó con María Dominga López de Letona, naciendo de esta unión el dinamizador económico del linaje:

  • Tomás Ruiz de Apodaca López de Letona (1702-1767): Bautizado en Manurga, utilizó la certificación de nobleza de su abuelo Pedro para trasladarse al sur peninsular e ingresar en el selecto Consulado de Cargadores a Indias de Cádiz. Su éxito en las rutas mercantiles transatlánticas con el puerto de Veracruz (Nueva España) le permitió acumular una inmensa fortuna, conservándose más de 2000 cartas de su correspondencia en el Archivo General de Indias. En 1743 contrajo matrimonio con Eusebia Eliza Lasquetty, uniendo el capital alavés con la élite financiera de origen genovés radicada en Andalucía.



3. La Línea Marítima de Pedro: Alianzas, Trafalgar y el Virreinato

Los descendientes de Tomás Ruiz de Apodaca elevaron el estatus familiar a la cúspide institucional mediante el ejercicio de las armas y matrimonios de primer orden:

  • Vicente Ruiz de Apodaca y Eliza (1750–1808): Encauzó su carrera hacia la administración naval como Intendente de Marina en El Ferrol y fue investido Caballero de la Orden de Calatrava. Su descendencia enlazó con uno de los episodios más heroicos de la historia de España:

    • Su hija, María Dolores Ruiz de Apodaca Beranguer (nieta de Tomás), contrajo matrimonio en 1805 con el brigadier, científico y marino Cosme Damián Churruca y Elorza, quien falleció heroicamente ese mismo año al mando del navío San Juan Nepomuceno en la Batalla de Trafalgar.

    • Su hijo, José Ruiz de Apodaca Beranguer (1788–1867), fue Teniente General de la Marina y Consejero de Estado de Isabel II.

  • Juan José Ruiz de Apodaca y Eliza (1754–1835): Hermano menor de Vicente, alcanzó el empleo de Capitán General de la Real Armada. Siendo 61.º Virrey de la Nueva España, el rey Fernando VII le concedió el Condado de Venadito en 1818 con el vizcondado previo de ruiz de Apodaca. Casó con María Rosa Gastón de Iriarte y su descendencia directa continuó a través de sus hijos Juan José (II Conde) y Francisco de Asís (III Conde).

  • Al fallecer el III Conde sin sucesión directa, el título experimentó un salto por derecho de representación por vía femenina hacia la línea Beránger, recayendo en su nieto, el relevante marino y político José María Beránger y Ruiz de Apodaca (1824-1900), quien asumió la dignidad de IV Conde de Venadito y ejerció como Ministro de Marina durante la Restauración.



4. La Línea de Domingo: Radicación en Vitoria y Oficios Jurídicos

Frente a la proyección ultramarina de sus primos, la línea descendiente del hermano menor, Domingo Ruiz de Apodaca, optó por no abandonar el suelo foral, adaptando su hidalguía al entorno periurbano de la capital alavesa.

  • José Ramón Ruiz de Apodaca Basurto: Nacido en el seno de la continuidad peninsular del linaje, representa el nexo directo con la hidalguía de la Cuadrilla de Vitoria. Su hermano, Gaspar Ruiz de Apodaca Basurto, figuró formalmente inscrito en el padrón de nobles de la Junta de Elorriaga de 1841. Elorriaga, cabeza de una de las siete juntas en las que se dividían las aldeas históricas agregadas a Vitoria, recogió este registro justo antes de la abolición definitiva de los censos de distinción de estados, certificando la limpieza de sangre de esta rama civil alavesa. 

  • Su hijo Ángel Ruiz de Apodaca Pérez de Junguitu, representante de la presencia del linaje unificado en el casco histórico y los ensanches de Vitoria, desarrolló su actividad profesional como destacado sastre en la capital alavesa. Fundado formalmente en el siglo XIX, el negocio textil de los Pérez de Junguitu es uno de los pocos comercios calificados oficialmente como centenarios por el Ayuntamiento de Vitoria-Gasteiz. Fue contemporáneo y testigo de la Vitoria que plasmó el escritor Pío Baroja en sus novelas.

El arraigo vitoriano y la sólida posición de esta rama civil sirvieron de plataforma para que las siguientes generaciones de la línea de Domingo alcanzaran las más altas magistraturas del derecho público del Estado:

  • Pedro Ruiz de Apodaca y Arzu: Licenciado en Derecho e ingresado por oposición en el Cuerpo de Registradores de la Propiedad. Desarrolló gran parte de su actividad profesional rigiendo la seguridad jurídica del suelo en el Registro de la Propiedad de Madrid durante sus décadas de mayor expansión urbanística. Contrajo matrimonio con Emilia Martínez Ortiz de Urbina, hija del coronel Juan Martinez Mateos y de Lorenza Ortiz de Urbina.

  • Ángel Ruiz de Apodaca y Martínez: Hijo de Pedro y continuador de la jurisprudencia familiar, ingresó en el Cuerpo Notarial. Compaginando su labor de fedatario público, se convirtió en uno de los grandes pioneros hoteleros de Benidorm, promoviendo y explotando dos conocidos establecimientos turísticos.

  • María Antonia Ruiz de Apodaca Martínez: Hermana del notario Ángel, consolidó la influencia institucional de la familia en las esferas del estamento castrense peninsular al contraer matrimonio con José Sacanell Lázaro, quien ostentó el empleo de Coronel del Ejército de Tierra. Esta alianza representó un entronque directo con la cúspide militar del país, puesto que José Sacanell Lázaro era primo hermano por vía materna del teniente general José Sanjurjo Sacanell, I marqués del Rif.

  • El patrón de cohesión familiar del linaje se manifestó con total claridad en la siguiente generación a través de un matrimonio endogámico:

    • El hijo de María Antonia, Enrique Antonio Sacanell Ruiz de Apodaca, contrajo matrimonio con su prima hermana, Rosa María Ruiz de Apodaca Vaello (hija del notario Ángel Ruiz de Apodaca y de Rosa Vaello Cortés). Enrique Antonio Sacanell Ruiz de Apodaca desarrolló una destacada carrera militar en las fuerzas armadas contemporáneas, alcanzando el empleo de Coronel del Ejército del Aire.


De este modo, la trayectoria de los Ruiz de Apodaca ilustra de forma fidedigna los mecanismos de adaptación y supervivencia de la hidalguía vasca a lo largo de tres siglos. La cohesión de su tronco común no solo resistió la dispersión geográfica, sino que demostró una extraordinaria plasticidad para ocupar espacios de poder complementarios: mientras una rama alcanzaba las máximas dignidades coloniales de la Monarquía borbónica y enlazaba con los héroes navales de su tiempo, la otra aseguraba la continuidad civil en el solar nativo a través de la menestralía urbana y, posteriormente, de los cuerpos jurídicos del Estado moderno y del estamento militar. Una misma estirpe que tradujo el viejo privilegio de la sangre en alta milicia atlántica, destreza artesanal en Vitoria, y la fe pública junto al despegue hotelero y la oficialidad superior del Ejército en la España contemporánea.


 
 
 

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